lunes, 8 de enero de 2018

Una bazofia exigida

Posiblemente debería escribir más, aunque lo más seguro es que todo lo que en ese momento saliera de mi pensamiento pasando por mis manos hasta pulsar todas y cada una de las teclas del teclado, sería pura basura. Algo desechable y mal hecho. Algo que realmente no ha salido de mi involuntariamente.

Con esa misma frustración, se nos obliga y obligamos a hacer otras tantísimas cosas. Se nos exige demasiado, y nos exigimos demasiado, y, para colmo, cuando consiguen hacernos creer que en verdad podemos hacerlo y que debemos hacerlo, consideramos que los demás también harán lo mismo porque es lo mínimo. Estúpidos exigentes y estúpidos exigidos.

Y, ¡qué ironía! Hace cuatro días que escribí esto mismo, y aquí estoy, sigo siendo exigida, posiblemente en estos momentos más que en otros, porque todos sabemos cómo es enero para un universitario.

Y aquí estoy, como si no tuviera suficiente por las cosas externas, exigiéndome escribir, publicar algo, y mirad la bazofia que he creado. Bazofia exigente.

jueves, 28 de diciembre de 2017

Recuento

Que lo normal ahora es pensar en lo acaecido este último año, y que cuando empiece el siguiente, decir "desde hace un año no hago esto".

Somos ilusos. Ilusos porque creemos que todo lo malo que hemos contado en este año se nos acabará el 31 a las 00:00h, que sonará un teléfono, que alguien aparecerá, que misteriosamente saldrán 3 millones de euros de debajo de la alfombra.

Somos incoherentes. No nos atrevemos, decimos que nos vamos a comer el mundo y luego necesitamos un momento concreto para empezar a hacer algo nuevo. No. ¡Basta! ¿Qué es eso de los propósitos de año nuevo? ¿Sabéis por qué no funcionan? Porque esperáis a ver si milagrosamente por cambiar de año, cambia vuestra vida. No necesitáis un momento concreto para empezar un gran cambio. Hoy, 28 de diciembre de 2017, es un día perfecto para romper con todo, para hacer el cambio que quieres, para comenzar a luchar por tu "propósito" de dentro de tres días. El momento es ahora.

Somos inocentes. Nos dan de palos posiblemente unas 150 veces en 365 días, y creemos que si apartamos a esas personas de nuestras vidas, no nos volverán a dar. Y es que no, que la vida no es eso, que la vida para poder vivirla, se necesita primero haber sentido el dolor, ser conscientes de que es eso, etapas con personas que llegan, cogen lo que necesitan (aportan algo aunque depende de la persona) y se van.

Somos cobardes. Intentamos ocultar la realidad basada en un calendario con más antigüedad de la que muchos conocen, y con más cambios de lo que uno podría imaginar. Nos falta valor, valor para hablar, valor para hacer, y muchas veces, valor para poder escapar de muchas cosas que nos matan por dentro.

2018, si realmente pedirte algo sirve, quiero valor, que me infundas valor en mi pecho, y lo quiero ya, no quiero otro falso propósito.

martes, 19 de diciembre de 2017

Acaricia mi cabello

Sigue entrelazando tus dedos entre los míos, jugando con mi cabello, susurrándome al oído que te encanta. Dices que brillo por mi misma pero soy incapaz de creerte, que levanto pasiones, que quien me conoce no me olvida. Iluso.

Iluso eres por considerar eso como verdadero, por vivir en la mentira más grande de la que yo ya salí. No es así, pues si así fuera, la gente no pasaría de largo por mi vida en cuanto otra persona llega a las mismas.

Jamás, jamás creas en el "siempre", porque nunca lo es. Eso es cierto, el nunca, el no, el adiós, el provecho. Que también dicen que las personas se marchan de tu vida cuando ya no tienen nada que aportarte, pero te digo yo a ti que hay otras que, ciegos, no nos aportan nada sino que por el contrario nos las arrebatan. Nos roban nuestras ilusiones, nuestras ganas, nuestra esencia y se la llevan con ellos, como si de un souvenir se tratara, coleccionándolas y guardándolas en un frasco en cuya etiqueta se puede leer "aquí yacen todas las ilusiones de aquellas personas a las que llamé amigos cuando les hice promesas que jamás pensé cumplir".

Pero tú, no te conviertas en un recuerdo, en un mal recuerdo de esos. No prometas y no me prometas, pues no te creeré. Mírame, rota, y aún así acaricias mi pelo y entrelazas tus dedos con los míos. Te estás adentrando en arenas movedizas, acercándote a zona peligrosa. Sabes que en cualquier momento puedes romperme, aunque nadie debería tener ese poder sobre otra persona.

Iluso sigues creyendo que lo que tenga que ser, será, mientras que yo, destrozada y sin ilusiones, sé que el final llegará, por eso prometí que disfrutaría cada día, sin preocuparme de si es pronto o no lo es.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Luchar a favor y en contra

No se pueden forzar las cosas. No se puede forzar a alguien para que haga algo contra su voluntad. No se puede intentar hacer que algo ocurra antes, porque posiblemente no solo lo atrasemos sino que además haremos que no ocurra. No puedes luchar por algo que está destinado a romperse. No puedes forzar que algo siga siendo igual que en un primer momento. No se puede esperar que algo suceda, si así no ha de ser.

Pero tampoco podemos luchar contra quien quiere luchar por nosotros. Tampoco podemos luchar contra algo que no deseamos que ocurra. Y no podemos luchar contra nosotros mismos.

Muchas cosas se escapan de nuestras manos, y otras tantas que todavía desconocemos. Pero aquí estamos, y la vida sigue, sin esperar a nadie.

martes, 21 de noviembre de 2017

Dos caras como mínimo

Posiblemente me encuentro rodeada en la nada y por la nada, repleta de lo que considero vacío, aunque sea un vacío lleno. Posiblemente demasiado raro, una situación compleja e incomprensible, y más para la persona que la vive. Si es difícil de explicar, y por ente, de entender, imaginad lo que es lidiar con ello cada día.

Lo más seguro es que un día todo el mundo se me caiga a los pies, se venga abajo todo lo que consideraba que jamás lo haría pero al otro pienso que lo bueno, por pequeño y casi inexistente que sea, debe ser en lo que me he de centrar, creando así otro círculo vicioso dentro de mi vida. Círculo tras círculo, intentando salir del agujero negro, de la galaxia en la que me encuentro, en la que me han absorbido.

Puede que lo más adecuado no sea darle veinte vueltas a todas las cosas, ni intentar verlas de otra manera. Puede que lo mejor sea ni siquiera pensar en ellas, solo dejarlas pasar. O puede que lo conveniente no sea ni lo uno ni lo otro, sino actuar y olvidar a la vez, nadar a contracorriente mientras flotas. Irónico, ¿verdad? Seguro que en mi caso, ninguna postura es la más correcta.

Y, luego, reflexiono en muchos conceptos, ya no solo en ideas. "El amor, el perdón, el sacrificio, el trabajo, el siempre, el nunca", conceptos ya vacíos para mi, especialmente en el resto (puede que también en mi, pero creo que al menos algo de humanidad me queda), conceptos en los que solo veo hipocresía y falsas esperanzas. Corazonadas que carecen de sentido y, que por más que nos intentemos engañar, nunca lo han tenido. Y no, nadie nos ha mentido, todo se acaba, nada es como esperamos, y en este mundo el tener dos caras es lo más normal, tanto que a veces ya ni nos sorprende.

Y me come la duda, ¿seré yo también una hipócrita? ¿Me verá así el mundo? ¿Pensará la gente lo mismo de mi que yo de ellos? Y acabo pensando que soy la culpable, la mala de la película, porque luego es lo que te acaban haciendo sentir. Porque ellos no sienten nada, porque son piedras incapaces de amar, personar, creer, dar... y, entonces, como único ser que siente, te toca a ti arruinarte, porque ellos nunca lo harán.